Gael.
—Nuera voy a pasar. —Insistió Anna.
Arya levantó las manos juntándolas señal de ruego. Vi sus ojos anegados en lágrimas y me derretí por completo.
—No me hagas esto —me susurró al oído. Su aliento caliente me erizó la piel—. Por favor, Gael.
La adrenalina me corría por las venas, exigiendo que me quedara, que la obligara a confesar frente a Anna, que destrozara la farsa de una vez por todas.
Pero el instinto de protección o tal vez lo poco que me quedaba de piedad por mi hijo me hizo