Arya.
—¿Miedo de qué? Eres mi suegro,
Su mismo nivel de frialdad, ¡Cuanto me ha enseñado la vida a su lado!
—Eso mismo digo, lo nuestro es pasado. Solo hay un detalle que nos une. —Dijo mientras abría la puerta de su habitación.
Pasamos a su balcón que daba vista al jardín, mi cuerpo temblaba y no era el frío de la noche.
—¿Y bien? Dime qué era eso tan importante.
Lo miré a los ojos sin saber por dónde empezar. Con la culpa a flor de piel; lo había tratado como a un criminal.
—Discúlpame po