Cecilia se había quedado completamente pálida. La sangre parecía haber abandonado su rostro y Liam lo notó de inmediato.
—¿Por qué te pusiste así de repente? —su voz sonó cortante, casi burlona—. Hace un momento hablabas como un loro y ahora, ¿qué pasa? ¿Se te quedó la lengua pegada?
Pero Cecilia apenas lo escuchaba. Su mente estaba en otro lugar, atrapada en un torbellino de recuerdos y miedos. La idea de volver a cruzarse con Rayner la paralizaba. Sabía perfectamente lo que eso significaba: s