Mundo ficciónIniciar sesiónEl viaje de regreso desde la empresa hasta la mansión Velardi transcurrió bajo un cielo grisáceo, que anunciaba una posible lluvia. Lorenzo conducía con una mano firme sobre el volante y la otra apoyada en el descansabrazos, los dedos golpeando suavemente el cuero fino. Por fuera, era la imagen perfecta del autocontrol. Por dentro, un mar embravecido amenazaba con desbordarse en cualquier momento.
El tráfico fluía bien, pero incluso si no lo hiciera, a Lorenzo no le habría importado. Necesitaba tiempo. Tiempo para pensar, para comprender cómo había llegado hasta allí. Deseaba a la niñera de su hija como jamás había deseado a ninguna otra mujer y, la noche anterior, la había tocado como un hombre hambriento, la había besado con intimidad, y poco después fue consumido por un miedo del







