Mundo ficciónIniciar sesiónEl antiguo reloj de la biblioteca marcaba las seis cuando la mansión Velardi comenzó a despertar, respirando lentamente después de la tarde despreocupada en el parque. La prima de Isabella, Beatriz, había pasado la noche en una de las habitaciones de huéspedes orientadas al naranjal, un aposento amplio, revestido con tapices florentinos que convertían cada rendija de luz en arabescos color ámbar.







