Mundo ficciónIniciar sesiónEl domingo amaneció con ese aroma a pan recién horneado y risas de casa llena. Desde el jardín, el viento traía el perfume de las jabuticabeiras, y Biscoito corría en círculos, ladrando a los pajaritos como si tuviera un trabajo importantísimo. En la cocina, Dona Flora ayudaba a Maria, animada, a preparar el almuerzo familiar, y Antonella también compartía las tareas con alegría.
Isabella, con el vientre redondo de Benjamin, removía despacio una crema de maíz, mientras Lorenzo organizaba, metódico, dos fuentes de ensalada como si estuviera alineando piezas de un tablero.
—Amor, no es una cirugía —rió Isabella al verlo ajustar por tercera vez la posición de los tomates cherry—. Si uno se sale de lugar, nadie muere.







