Mundo de ficçãoIniciar sessãoBeatriz prácticamente iba dando saltitos cuando bajó del coche y cruzó el jardín de la casa de Lorenzo e Isabella. El corazón le latía deprisa y la sonrisa amplia en el rostro delataba que algo había pasado. Ni siquiera el viento frío de la noche consiguió apagar el brillo de sus ojos.
Subió los escalones del porche y abrió la







