El sol ya se despedía en el horizonte cuando Lorenzo e Isabella cruzaron el pasillo de flores bajo una lluvia de pétalos, recibiendo aplausos, abrazos y sonrisas. El cielo estaba pintado de tonos naranjas, rosados y dorados, y la hacienda parecía envuelta en una atmósfera mágica, como si todo el universo se hubiera reunido allí para bendecir aquel amor.
A medida que se acercaban a las mesas dispuestas sobre el césped, los invitados los seguían detrás, aún comentando emocionados los votos que ac