Noah llevaba más de una hora frente a la pantalla sin leer realmente nada.
Las cifras estaban ahí, los contratos, los correos urgentes, las notificaciones que se acumulaban una tras otra, pero su mente no lograba concentrarse. Se pasó una mano por el rostro y exhaló con pesadez. Sentía el cuerpo tenso, como si cada músculo estuviera en guardia constante desde hacía semanas.
La oficina, amplia y luminosa, le parecía ese día extrañamente opresiva.
Había dormido poco. Pensado demasiado.
Denisse.
F