La mañana después de la salida al pub fue una calma engañosa. La mansión Winchester amaneció tranquila, como si nada hubiera ocurrido. Noah descansaba aún con la resaca de la noche anterior; Denisse, por su parte, intentaba actuar con normalidad mientras ayudaba a Fred con su desayuno. Charlotte —quien se quedó a dormir— le guiñó un ojo divertido desde la cocina, ignorando el remolino interno de su amiga.
Pero esa tranquilidad no estaba destinada a durar.
En el ala oeste de la mansión, Margaret