Elisabetta retrocedió hasta que su espalda chocó contra el cristal de la ventana de su habitación. Miraba a Nicolo como si fuera un espectro surgido de la oscuridad, una aparición imposible que desafiaba la lógica, la gravedad y la seguridad impenetrable de su padre.
—Estás loco —susurró ella, su voz temblando por la mezcla de miedo y adrenalina—. Si te ven... si mi padre te ve... te matará.
Nicolo se puso de pie, sacudiéndose las hojas de la buganvilla de su camisa negra. Tenía un rasguño sang