El mundo estalló en un rugido ensordecedor.
Lena sintió el impacto del cuerpo de Matteo contra el suyo, pesado y sólido, derribándola contra el asfalto frío justo una fracción de segundo antes de que las balas comenzaran a repiquetear donde habían estado parados.
No hubo tiempo para el miedo. Solo instinto.
Matteo no rodó para alejarse, la arrastró con él, usando su propia espalda como escudo humano mientras el estruendo de las balas quebraban la quietud de la noche.
—¡Muévete! —ordenó él.
Se l