Nicolo no tardó en volverse ese Capo calculador y peligroso en cuestión de segundos, su frialdad tomó el control absoluto.
—Cinco minutos, Elisabetta —ordenó, guardando el arma en la funda y girándose hacia ella—. Sube y haz un bolso. Nos marchamos, ahora.
Elisabetta asintió y no tardó en dirigirse a su habitación como si alguien la estuviera persiguiendo. Llenó un bolso con ropa sin detenerse a pensar qué estaba metiendo, no había tiempo para eso, debía actuar. La prioridad era alejarse del pe