Habían pasado semanas desde aquel instante que cambió sus vidas para siempre. Aurora había decidido quedarse, y la mansión, que antes parecía un refugio silencioso y vigilado, ahora respiraba con vida propia.
Su presencia había cambiado el ambiente en la mansión. Risas infantiles llenaban los pasillos, junto a pasos apresurados y el aroma del desayuno recién hecho. Los rayos del sol de la mañana se colaban entre cortinas de lino, iluminando los muebles de madera oscura y los juguetes desperdiga