Lorenzo avanzó hasta quedar junto a Matteo y Aurora. Su sombra se proyectó sobre la ventana como una promesa de protección.
—Debe ser nada —dijo al fin, su voz baja pero firme, el tono de quien está acostumbrado a dar órdenes y esperar que se cumplan—. El sistema de seguridad está activo y tengo hombres vigilando todo el perímetro.
Matteo se giró despacio hacia él, el ceño todavía fruncido.
—¿Puedes hacer que revisen? —insistió, sin alzar demasiado la voz.
Lorenzo sostuvo su mirada un instante,