El viernes amaneció con un aire distinto en el penthouse.
Ni siquiera Evelyn, que solía leerle el humor con precisión quirúrgica, supo explicar por qué el ambiente era más ligero. Tal vez fuera la música suave que sonaba desde temprano, o el hecho de que Marcus, por primera vez en meses, llevaba una camisa sin corbata.
Melissa, por su parte, ya estaba en plena revolución. Había declarado la mañana “día de dragones buenos”, y exigido que su padre participara en la construcción de una nueva forta