Mundo ficciónIniciar sesiónEl pasillo parecía más largo que nunca. Marcus tenía una mano en el marco de la puerta del cuarto y la otra, en la nada. Oyó su nombre en dos sitios distintos: el que Clara había dicho en la entrada —tenso, urgente— y el que Laila no decía, pero estaba entero en el silencio de la habitación. Un segundo más y todo se iba a convertir en pasado.
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