Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz entró primero por los bordes, como si el día pidiera permiso para tocar la habitación. Era un resplandor casi tímido, dorado, que volvía suaves los contornos y hacía brillar el polvo en suspensión como si fuesen luciérnagas diminutas. El penthouse tenía ese silencio que no es vacío, sino descanso. Y allí, en el centro de la cama aún tibia, Laila y Marcus respiraban al m







