Mundo ficciónIniciar sesiónLaila no habló durante varios minutos después de cerrar la puerta del departamento. No se dejó caer en una silla, no se abrazó a sí misma, no lloró. Caminó despacio hasta la ventana, apoyó la frente contra el vidrio frío y dejó que el pulso se acomodara solo. El mundo seguía ahí afuera, indiferente, intacto, como si nada hubiera cambiado. Pero para ella, todo acababa de reordenarse de forma irreversible.
No es







