Mundo de ficçãoIniciar sessãoEntraron sin ruido, como si la casa misma hubiera decidido abrirles paso. Evelyn giró la llave con un movimiento tan preciso que apenas se oyó el clic metálico antes de que el pestillo cediera. Laila sostuvo la respiración durante ese segundo eterno en el que todo podía salir mal, en el que un paso en falso, un crujido, una alarma invisible podía delatarlas. Nada ocurrió. El silencio se mantuvo intacto. Un silencio denso, pesado, casi expectante, como si las paredes supieran que alguien estaba cruzando una frontera que no debía cruzarse.
Laila fue la primera en entrar. No por impulso, sino por necesidad. Necesitaba ser la primera en pisar ese espacio. Necesitaba sentirlo bajo sus pies para despojarlo de su poder. La casa de Clara no era solo un lugar físico; era el escenario donde le habían robado la vida, donde su ausencia había







