Mundo ficciónIniciar sesiónLaila abrió los ojos como quien emerge de un abismo profundo, oscuro, viscoso. La luz blanca del techo la cegó por un segundo, pero fue suficiente para activar algo dentro de ella: el recuerdo. No un recuerdo suave ni fragmentado, sino un golpe brutal, nítido, como si la mente se rebelara contra el silencio que había mantenido por dos semanas. Vio el coche. Escuchó el metal desgarrándose. Sintió el tirón que la arrancó del asiento. Y, entre ráfagas de confusión y dolor, recordó algo que hasta ese momento había creído un delirio: Clara. Clara ahí. Clara acercándose. Clara mirando. Clara respirando a pocos centímetros de su rostro ensangrentado. Clara sonriendo. Clara arrastrándola. Clara desapareciendo.
Clara.







