El portón de hierro se alzaba imponente bajo el cielo gris de la mañana.
La Manada de Hierro había despertado antes del alba. Antorchas encendidas, estandartes desplegados, filas ordenadas de guerreros y familias aguardando en silencio expectante. Más allá del gran patio central, largas mesas ya estaban dispuestas para la celebración. Carne asándose lentamente. Pan recién horneado. Vino oscuro en barriles abiertos. Serían como las primeras comunidades de lobos, retornando a antiguas costumbres.