El amanecer encontró a Sebastian despierto desde hacía horas. El pueblo costero todavía dormitaba bajo una bruma ligera cuando él ya recorría el perímetro, revisando rutas, señales, tiempos. Había desplegado el operativo con la precisión de quien sabe que no hay margen para errores cuando se trata del alfa y su familia.
Dos vehículos principales, discretos, de aspecto humano. Un tercero, de apoyo, mantendría distancia suficiente para no llamar la atención. Más atrás, invisibles para cualquiera