El llanto llegó como un quiebre súbito, cortando el aire que todavía conservaba el calor del abrazo.
Primero fue Aiden. Un quejido agudo, insistente, distinto a los otros. Luego Elian, casi al mismo tiempo, con un llanto más bajo pero continuo, como si algo profundo lo incomodara. Kael se incorporó de inmediato, el cuerpo en tensión, el lobo despertando bajo la piel.
—Eso no está bien —dijo, ya de pie—. No me gusta ese sonido que hacen...
Nyra apareció en la puerta, despeinada, con los ojos gra