La mañana había comenzado como cualquier otra.
El viento del mar era el actor principal que había logrado cambiar los días de Lysandra y su pequeña familia.
—Vendimos mucho —dijo la anciana—. Demasiado para un pueblo tan chico... mujer, has traído la fortuna a mi negocio...
Lysandra asintió distraída. Los gemelos gateaban cerca del mostrador; Aiden había logrado abrir un cajón y reía fuerte, mientras Elian observaba en silencio, con esa atención inquietante que nunca dejaba de ponerla nerviosa.