El auto se detuvo frente a la casa principal de la Manada de Hierro.
Es el momento de la verdad, espero estar lista.
Había olvidado que esa mansión era imponente, sólida, construida en piedra oscura y madera antigua, como si hubiese crecido junto al bosque. Las luces exteriores estaban encendidas, iluminando el camino de entrada… y a las personas que esperaban.
En fila, respetuosos, firmes.
Sebastián estaba al frente. A su lado, Kiki. Detrás de ellos, las otras empleadas de la casa, todas con l