Sara no se detuvo a pensar.
Cuando vio a Lysandra caer, cuando sintió ese tirón antiguo en el pecho —ese instinto la hizo volver, aquella persona que había sido tan cálida sin conocerla. No era propio de ella dejar a nadie atrás; daría lo mejor de sí.
El santuario no quedaba cerca, pero nada la iba a frenar. Salvaría a Lysandra como ella lo hubiera hecho si las cosas fueran al revés.
No vio el primer ataque.
Solo escuchó los gruñidos.
Tres lobos surgieron de entre los árboles, sombras deformes