El despacho del alfa estaba en silencio cuando el mensajero se retiró.
Kael Vyron no abrió la nota de inmediato.
Reconocía ese sello antiguo, esa cera oscura marcada con símbolos que solo los más viejos recordaban.
Los Antiguos no escribían por cortesía.
Escribían cuando algo estaba mal, o había alguna queja de algo.
—¿Noticias? —preguntó Sebastián, apoyado cerca de la ventana.—Conozco esa cara...y ese sello
Kael rompió el sello con los dedos.
Leyó una vez.
Luego otra.
Su mandíbula se tensó.