El despacho del alfa estaba en silencio cuando el mensajero se retiró.
Kael Vyron no abrió la nota de inmediato.
Reconocía ese sello antiguo, esa cera oscura marcada con símbolos que solo los más viejos recordaban.
Los Antiguos no escribían por cortesía.
Escribían cuando algo estaba mal, o había alguna queja de algo.
—¿Noticias? —preguntó Sebastián, apoyado cerca de la ventana.—Conozco esa cara...y ese sello
Kael rompió el sello con los dedos.
Leyó una vez.
Luego otra.
Su mandíbula se tensó.
—Está casado —dijo finalmente.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Casado quién?
Kael levantó la vista, sus ojos dorados endurecidos.
—Marcus.
El beta dio un paso al frente.
—¿Casado… con quién?
Kael volvió a mirar la nota, como si al hacerlo pudiera cambiar lo escrito.
—Laura Gutiérrez.
El silencio cayó como una losa.
—¿Qué? —Sebastián parpadeó—. Espera… eso no tiene sentido....no sé quién es esa mujer.
—Y su flamante esposa es de nuestra manada...
El beta se giró de inmediato hacia la computadora del d