La habitación infantil quedó en silencio cuando los gemelos salieron corriendo hacia el pasillo, riendo por alguna competencia imaginaria. No podía ver a su mate, pero lo sentía respirándole muy, muy cerca. Ese nuevo don de poder ubicarlo en donde estuviera... sobre todo muy cerca de su cuerpo.
La puerta quedó entreabierta.
La luz cálida del atardecer entraba en franjas doradas. Se sintió mal al querer desear un contacto inmediato con ese lobo que la volvía loca.
Lysandra Ardenne terminó de dob