BIANCA
Tres semanas han transcurrido de una manera tan ordenada que casi me asusta lo rápido que me acostumbro a esta nueva vida. Cada mañana me levanto un poco antes de lo necesario, me visto con las prendas suaves que ahora llenan mi armario y bajo a desayunar con Adrián y Austin. Y aunque la mesa es grande y el silencio suele dominar la mayoría de las comidas, la rigidez de esos primeros días ha empezado a suavizarse. Adrián habla más, hace comentarios breves, pregunta cómo durmió el niño o s