BIANCA
Después de salir de la oficina, respiro hondo varias veces en el pasillo. Siento el pecho apretado. Las reglas fueron estrictas, la mirada de Adrián, intimidante, y la presión… abrumadora. Pero cuando recuerdo el rostro de su hijo, ese pequeño que apenas conozco pero que ya necesita tanto, algo cálido se enciende dentro de mí.
Tengo miedo, sí. Pero también tengo una decisión tomada: no voy a fallar.
Roger me guía hasta la sala de juegos: una habitación amplia, llena de alfombras suaves, p