BIANCA
Con Aurora salimos a buscar el vestido. Tenía que ser elegante, formal… pero también mío. Victoria fue implacable hasta dar con el indicado; luego se marchó a ver a Francis para encontrarse con Adrián, dejándome a solas con Aurora.
Ella se encarga de maquillarme con cuidado, sin exagerar: piel luminosa, ojos suaves, labios en un tono delicado. Acomoda mi cabello con paciencia, como si cada gesto fuera una forma de tranquilizarme. Austin camina apoyado del sillón, observándonos con curiosidad, mientras Aurora cierra el vestido con precisión.
—¿Estás segura de esto? —me pregunta, mirándome a través del espejo.
—Demasiado —respondo sin dudar—. Escuché lo que Adrián te contó. Ese hombre, Matthew… tiene un corazón torcido. No quiero que se aproveche de ellos. Necesito escucharlos, conocer su historia.
Aurora aprieta mi mano.
—Es lo correcto —dice con suavidad—. Y créeme, te llevarás una buena impresión. Han cambiado… mucho más de lo que imaginas.
Me despido de Austin con un beso. El