BIANCA
Aurora llamó para avisar que mañana traerá a Austin, y aquí estoy con Adrián en la cocina, sentados uno frente al otro, sin mucho que decir. El silencio no es incómodo, pero sí cargado de algo que no termino de entender.
Estoy nerviosa, y ni siquiera sé por qué. Apenas nos besamos.
Aun así, es como si mi mente se negara a soltar la idea de que hay algo más ahí, algo latente, expectante. Suspiro y dejo caer la cabeza hacia atrás, apoyándola contra el respaldo de la silla, mirando el techo