ADRIAN
Mi cabeza late con fuerza, como si alguien golpeara desde adentro. Los ojos me arden, la boca está seca y siento un peso extraño sobre mis piernas. Me incorporo lentamente, tratando de no hacer ruido, y es entonces cuando la veo: Bianca, tendida a lo largo de la cama, todavía con el vestido elegante de anoche, el cabello revuelto y una expresión tan tranquila que por un segundo me pregunto cómo es posible que terminamos durmiendo en la misma habitación… y en las condiciones en que lo hic