BIANCA
Kevin…
Lo reconozco al instante. Cómo no hacerlo.
Alto, con esos hombros anchos y el maldito suéter ajustado que siempre usa para lucir esos brazos que tanto mostraba en el gimnasio. Su cabello rubio ―desordenado de esa forma perfecta que parece natural, pero sé que no lo es― cae sobre su frente. Y sus ojos… esos ojos claros que cambian entre azul y verde dependiendo de la luz, tan bonitos como peligrosos.
Hace unos meses habría dicho que tenía la sonrisa más encantadora del mundo. Hoy s