BIANCA
Kevin…
Lo reconozco al instante. Cómo no hacerlo.
Alto, con esos hombros anchos y el maldito suéter ajustado que siempre usa para lucir esos brazos que tanto mostraba en el gimnasio. Su cabello rubio ―desordenado de esa forma perfecta que parece natural, pero sé que no lo es― cae sobre su frente. Y sus ojos… esos ojos claros que cambian entre azul y verde dependiendo de la luz, tan bonitos como peligrosos.
Hace unos meses habría dicho que tenía la sonrisa más encantadora del mundo. Hoy solo veo la sonrisa de un mentiroso experto, alguien a quien no le importó en lo más mínimo pisotear mis sentimientos. Íbamos a cumplir diez meses de novios Lo conocí gracias a Susy; apareció casi por casualidad, o eso creí. Ella nos presentó y, desde ese día, él jamás dejó de buscarme, de insistir, de hacerme creer que yo era especial… hasta que todo se acabó, por haberme engañado con la misma persona que nos presentó.
Qué irónico, ¿no?
Kevin siempre fue así: atractivo, carismático, el típico ho