ADRIÁN
Bianca se gira hacia mí con el cuerpo aún en tensión, como si estuviera preparada para recibir un reproche o una discusión. Hay algo en su mirada que reconozco de inmediato: esa defensa anticipada que construyó durante años, cuando tenía que justificarse incluso por respirar.
Pero no es eso lo que va a encontrar en mí.
—No te diré nada —dice, seria, adelantándose.
No puedo evitar reír suavemente. No de burla, sino porque su reacción dice más de lo que cree.
—No necesitas decirlo —re