CHRISTIAN
Detengo la camioneta frente al bar y apago el motor sin decir nada durante unos segundos. El silencio se instala dentro del vehículo, pesado, incómodo, como si incluso el aire se hubiera vuelto más denso. Gabriela sigue a mi lado, sin moverse, esperando algo que no estoy dispuesto a dar.
—Puedes irte a tu casa —digo finalmente, con la vista fija al frente.
Escucho el leve movimiento a mi lado, pero no es para bajar.
—Prefiero acompañarte —responde, tranquila, como si mi tono no fuera