BIANCA
El resto del viaje continúa en silencio hasta llegar a la mansión.
Me ocupo de Austin: lo cambio, lo arropo y le doy su leche. Cuando por fin se queda dormido en su cuna, me retiro a mi habitación sin siquiera mirar a Adrián.
Me muevo como una sombra, intentando pasar desapercibida, como si mi presencia pudiera desvanecerse en cualquier momento.
Una ducha tibia me relaja los músculos. Ya más tranquila, me quito la bata y me pongo el short de mi pijama,
Entonces ocurre.
La puerta que c