Ecos bajo la piel
La lluvia volvió al amanecer.
No con fuerza, sino con la delicadeza cruel de quien no necesita gritar para hacer daño.
Las gotas resbalaban por los ventanales del internado como lágrimas antiguas, como memorias que nadie había pedido recordar.
El edificio entero parecía contener la respiración.
Clara no durmió.
El encuentro con Alexander la había dejado con el corazón inquieto, latiendo en un idioma que no comprendía del todo. Sus palabras –tan medidas, tan cargadas de peso– n