Marina sentía que las contracciones de su vientre viajaban por todo su ser, mientras se encontraba recostada sobre la helada mesa de mármol del comedor.
Fuera lo que fuera que Efraín estuviera haciendo en su entrepierna, le hacía querer aferrarse de donde pudiera. Al solo encontrar la fría, lisa y dura mesa, solo pudo aferrarse al quebrado cabello de Efraín, mientras este deslizaba un hielo por su zona íntima.
—¡Por Dios, Efraín! —gimió al dejar de sentir el frío y comenzar a sentir como la tibi