Luego de llorar por largo rato, Marina se limpió las lágrimas y dijo:
—Anda, Ofelia, ve a casa, no quisiera que Esteban sospeche que estás conmigo.
—De que sospecha, sospecha, pero cuide muy bien la ruta que tome para venir. Señora, cuídese mucho y ya no esté triste, hizo lo correcto, usted no es la mala en la historia. Ya dio el primer paso de muchos que debe dar; ahora no se me vaya a echar para atrás.
—¡Gracias, Ofelia! ¡Gracias por estar conmigo! Créeme, no sé qué haría si tú no estuviera