Efraín entró y preguntó:
—¿Te gusta?
—¡Eh…! —¡Sí, es impresionante! —dijo Marina entrando al lugar.
Acto seguido, una luz tenue iluminó el sitio, dejando a la vista el lujoso apartamento.
—¿Es… ¿Esta es tu casa?
—¡Efectivamente!
—¿Me trajiste a tu casa? —preguntó nerviosa.
—¡Sí! ¿Por? ¿Algún problema? De ser por mí, te hubiese llevado al mejor sitio que hubiera, pero, según tú, no deben hacerse rumores de nosotros.
Escenas de lo que había ocurrido en Holbox pasaron por la mente de Marina