Lina se percató de que Marina tenía algo, así que se hizo una nota mental para que en un rato libre pudiese hablar con su hermana.
Al poco rato de haber llegado, el timbre sonó nuevamente; Marina fue a abrir y se topó con Efraín, dos botellas de vino y dos cajas con pizza.
—¡Hola! —dijo Marina nerviosa ante la mirada de los curiosos, entre ellos los de su hija.
—¡Hola, cariño! —dijo Efraín percatándose del nerviosismo de aquella mujer. —¿Cómo estás? ¿Puedo pasar?
—¡Eh! Sí, sí, claro, pasa, pasa