Marina no sabía cómo responder; era lógico, para cualquiera sería lógico.
—Efraín no vivía aquí en México, cariño. Él venía de vacaciones y solíamos jugar en los veranos. —dijo Lina tratando de ayudar a aquella pareja.
—Hmm… Bueno, eso suena lógico. —dijo Diana, restándole importancia al asunto y suavizando su semblante.
Ahora aquí estaba aclarado el punto de por qué se veían tan familiarizados; todos pudieron sentarse en la barra de la cocina y disfrutar de una deliciosa cena. Por al menos una