Efraín paseaba por la plazuela del pueblo, disfrutaba del tiempo al lado de su abuela; una que otra chica le dirigía una mirada cómplice, y él la aceptaba con coquetería. Aquello le traía viejísimos recuerdos de su niñez, la cual distaba mucho de lo que era ahora.
La abuela Sofía se percataba de aquello y solo podía mover la cabeza en forma de negación. Ella conocía a su nieto y sabía bien que era un buen chico, solo que la vida y el pasado lo habían llevado a volverse así.
Tras pasear y comer t