Un par de horas después, Efraín estaba llegando a casa de la abuela Sofía. Se le dibujó una sonrisa al voltear y ver la casa de la familia Salas.
Al hacerlo, múltiples recuerdos llegaron a su mente. Bien se le figuró ver a aquella niña de rizos rebeldes, pantalones desgastados y sonrisa pícara, sentada en la banqueta de su casa junto a su hermana menor, esperando a que Esteban pasara.
Aquel recuerdo generó una serie de emociones contradictorias que le causaban cierta incomodidad.
—¡Marina! ¡M