Marina bajó con Renata cargándola en la espalda; al llegar al último escalón, la bajó y ambas fueron a la cocina tomadas de la mano. Esto, en definitiva, a Marina le parecía un bendito sueño del que no quería despertar.
Renata había escuchado claro a su padre y a su madre: ellas se irían a Londres, así que para no darle más problemas a su mamá, ella no se portaría mal con nadie. Había llegado a la conclusión de que, si ellas tres se iban, su padre ya no estaría ahí; eso sería más que perfecto, p