Tras devorar varias órdenes de tacos al pastor, aquella feliz pero extraña familia iba de regreso a casa.
Sebastián no podía negarlo; se sentía completamente extraño. Su elegante camioneta, antes llena de humo y olor a tabaco, hoy día lucía totalmente diferente: muñecas, suéter, dos preciosas niñas y una bella mujer sentada a su lado.
Eso, en cierta forma, no había cambiado, salvo que esta mujer no era una conquista de la noche o algo parecido; esta mujer era la vivida imagen que algún día quis