Marina durmió hasta que los rayos de sol se colaron por la ventana y la hicieron despertar. Tan pronto como miró la hora, dio un brinco fuera de la cama; ella y Esteban habían quedado de hablar con las niñas y exponer los planes a futuro, así que no había tiempo que perder, más cuando sabía que sus hijas no aceptarían con alegría esa decisión.
La joven mujer se colocó lo primero que encontró y fue escaleras abajo. Para su gran sorpresa, Diana y Esteban se encontraban en la cocina; la niña batía