Lina terminó su delicioso pan; no sabía de dónde había conseguido aquellas exquisiteces, pero, en definitiva, si le volvía a preguntar, seguro que pediría dos de cada uno.
—Bien, ¿terminaste? —dijo Patrik acercándose a ella.
—Sí, ¿acaso tú no piensas desayunar?
—Yo tomé café y puedo comer fruta en el avión.
—¿A… ¿A dónde piensas llevarme?
—Eres una mujer muy curiosa, ya verás. Anda, vamos a ponernos algo para salir, que el avión ya nos debe estar esperando. —dijo Patrik mientras recorría todo su